
Un día más
Primera Parte
Solo era un día más. La mañana había comenzado con una agradable brisa que movía suavemente al único árbol que tenemos en el jardín de atrás de la casa. El sol iluminaba todo con su luz intensa, presagiando un intenso calor, mas por la tarde. Salgo para ver las plantas y mover unas malezas que cubrían parte del suelo, cuando observo que la familia que se había mudado el fin de semana que había pasado, son hispanos. Me alegre porque dije, quizás pueda conversar con ellos para ver de donde son y como son, pero mas que nada para no aburrirme, jajá jajá. Sale de la casa de ellos un hombre grande, gordo, se podría decir que inmenso, con un abdomen dos veces el tamaño de mi cuerpo, un verdadero oso pero en piel humana. Pensé para mis adentros, este es el amigo que necesito para cuando este en peligro, jajaja. El hombre avanzo con su cabeza gacha, como escudriñando, pulgada por pulgada el suelo, que estaba cubierto de hojas secas. Simulando buscar algo, observando algo. Permaneció así unos momentos, levanto la vista y sus ojos se clavaron en mi, que me pescaron mirando donde no debía o mejor dicho para el lado que no había nada que mirar. Solo atine a saludarlo en el mismo instante que vi que alzo su rostro, quedando de esa manera libre de cualquier mal pensamiento que el pudiera tener sobre que su vecino, o sea yo, era un presentado, un chusma. Yo diría un voyeur. El respondió a mi saludo muy amablemente y se acerco a la cerca que divide las dos casas para estrechar mi mano y así intercambiar saludos. Me presento, el hace lo mismo. Me cuenta que se le había caído una cadena que era de la esposa, y que ella estaba desconsolada, ya que era un recuerdo de familia. Que pena le dije. En mi mente, el comentario de el me sonó a que me había visto que yo hurgaba con mis ojos, quien estaba allí en su casa, pero no le di mayor importancia. El entro en su casa, previo a despedirse de mí, y yo a los cinco minutos hice lo mismo.
El resto de la mañana y el resto del día, transcurrieron intrascendentes.
Los días se sucedieron, hasta que una noche, como casi todas las noches, sabiendo que no debía hacerlo, salgo a fumar siempre mi ultimo cigarrillo de todos los benditos días. La noche estaba estrellada, una media luna perfecta se alzaba en el cielo negro y un montón de estrellas alrededor hacían de espectadoras de su brillo. Me quede viendo la oscuridad que había a mi alrededor, cuando de repente siento voces que iban creciendo en volumen como que se acercaban a donde yo me encontraba. De momento como que las voces se detienen y se mantienen en un mismo tono. Al principio estaba desorientado de la dirección de donde provenían esas voces, pero al notar que hablaban español, rápido me di cuenta que eran de mis vecinos. Las voces del oso y de una mujer, que seria su esposa, no eran en tono amigable, todo lo contrario, eran de enojo, ira, el sonido musical era de maldición. Que podía hacer yo sino dar pequeños pasos para poder descifrar de que estaban discutiendo, mucho no podía acercarme, porque de otra manera hubiera pegado mi oído a la pared de la casa de ellos, pero a menos de un pie la conversación tenia todo el detalle de estar casi presenciándola, por supuesto, sin ellos saber que yo era testigo mudo de su dialogo.
…..Como coño te atreves , a tocar los pechos de Lilia, frente a mí, como te atreves, eres un descarado. Te pasas mirando a esa cabrona y en las noches cuando te molesto para ya tú sabes que… siempre me contestas con malas crianzas y de la forma más nasti que puedes utilizar. Humillándome con palabras sucias, como que no te moleste que no me haga la nena que recién conoce el amor y todas las burlas que tienes a tu alcance, mas sin embargo tienes tiempo para tocar sus tetas y que a mi me parta un rayo…..- dice la esposa casi gritando-
-El la interrumpe- …..Mira dejate de boberías que yo no estaba tocándole nada a esa mujer, ella se me tiro encima mientras el marido estaba en el baño, y tu estabas hablando desde la cocina sin callarte un puto minuto, que querías que hiciera si se caía y no la cogia por los brazos me daba con su cabeza en mi cara, y ahora tu dices que yo le toque los pechos y las nalgas….
…Yo no dije nada de las nalgas, Tu vez? Tu mismo te hechas mas tierra encima porque agregas que las nalgas también le has tocado, y recuerda que mis ojos vieron todo y no puedes negarlo – dice ella echando casi espuma por su boca.
El solo le responde - … mira vete al carajo y déjame dormir que mañana tengo un día muy duro en mi trabajo…
Ella le dice y sentencia - ….me las cobrare ya veras… y el le responde no creo que haya macho que se fije en ti por lo gorda que estas…
Ella ya echándose a llorar le dice… ahora si que has colmado mi paciencia aparte de querer hacerme creer que estoy ciega o que confundo las cosas que veo encima me humillas diciéndome gorda…buahhhh buahhhh
De repente un ruido casi me hace cagar encima. El se había acercado a la ventana y con todas sus fuerzas la había cerrado, dándome un susto de madre, pero no me había visto, uuuffff dije yo me salve, no me vio el oso este.
Ellos siguieron discutiendo, pero yo había descubierto algo. Estos dos se llevaban a las patadas. El de seguro le metía los cuernos con esa Lilia y ella hacia tiempo que no veía la cara del amor. Pero también me faltaba algo por descubrir, si ella era así como el había dicho, gorda y fea, para entonces darle la razón a el o a ella por la forma en que el la había tratado.
Termine mi segundo cigarrillo, cuando en realidad no tendría que haber sido ninguno, entre en mi casa, me acosté y me dormí enseguida.
Al día siguiente, siguiendo la rutina de siempre, inspecciono mis plantas cuando siento un ruido que viene de la casa de al lado, era la famosa vecina. Un arbusto que estaba para donde yo mire porque de ahí venia el ruido no me dejaba verla, sabía que era ella porque sentí su voz que hablaba con otra mujer. Me acerque sin que me viera y pude verla.
Ayyyy que cabron es este oso. Ella era no muy alta, no era gorda, si puedo decir que tampoco flaca, normal con apenas 3 o 4 libras de más, pero nunca como imagine que el oso había dicho de ella en forma tan despectiva. Eso si tiene unas nalgas grandes, no es caderona, ese culo, como diríamos entre amigos no era un culo de gorda. Su piel era color mate como la mía, sus cabellos negros intensos, lacios, llovidos, largos llegándole a la mitad de la espalda. Sus piernas se veían bien desde donde yo estaba, no se podía apreciar si había varices, celulitis y esas cosas que hacen que las piernas de una mujer, pasen de ser algo excepcional a algo que mejor esconder bajo unos pantalones herméticos. Tenia tetas normales, acordes con su cuerpo, ni muy chicas ni muy grandes, lo que hacia que no parecieran caídas o aplastadas. Ella tendría unos 42 años. Su cara era normal, era la típica mujer que si bien no es una belleza, entre el montón podía sobresalir o por sus nalgas o por sus tetas o piernas, pero nunca un bagallo como decimos nosotros.
Hasta ese momento, ella no se había dado cuenta que yo la estaba observando, mis ojos recorrían todo su cuerpo, pudiendo ver ahora en mas detalle que tenia puesto una camisa de color crema, bastante holgada con un escote por demás sugerente, que dejaba ver sus pechos atrapados en un brasiel negro, un talle menos del que le correspondía por el tamaño de sus senos, llevaba unos shorts que eran demasiado cortos, extremadamente cortos, se ceñían a su cintura, reduciendo su talla, eran de tela blanca, marcándole los panties que usaba, que por lo que marcaban eran bien pequeños. Los shorts ajustaban sus muslos, se hundían entre sus nalgas, diviendolas y haciendo que se vean mas redondas, mas excitantes, mas sexys. Me vino a la memoria los shorts que solía usar Graciela, esa amiga, que ya les hable, eso mas lo que estaba viendo, escondido, agazapado como una fiera pendiente a su presa, hizo que mi miembro, creciera pulgada a pulgada, hasta llegar a su máxima expresión. Mis ojos seguían viendo a esa mujer, que yo ya sabia estaba pasando sed de amor, sed de caricias, sed y hambre de sexo. Ella se sentó en una silla que podía reclinarse para estar mas cómoda, y fue en ese momento que salio otra mujer. Me entere que se llamaba Alicia, era más bajita que esta, estaba con una falda que le llegaba a las rodillas y una camisa ajustada al cuerpo, que destacaba sus pechos sin brasieles. Alicia salio al jardín trayendo consigo una cerveza que era para ella y una soda para mi vecina que ahora pude saber su nombre Miranda. Alicia le dio la soda a Miranda y ella se sentó en otra silla y se pusieron a charlar, pero en voz baja lo que no me permitía dilucidar de que tema hablaban, pero el viento estaba de mi lado, y eso hizo que pudiera saber que Miranda le contaba a Alicia de la discusión que había tenido con el Oso, que se llamaba José. Alicia escuchaba atentamente, mientras se subía la falda para que el solo acariciara sus piernas que estaban en armonía con el tamaño de ella. Se había quitado las tenis que llevaba puesta y subido la camisa a la altura de sus pechos. Desde mi posición, podía verle sus panties, ya que ella abría o subía sus piernas, eran de color azul, y se le hundían en su sexo, esa visión se reflejaba en el mió sintiendo como la sangre bombeaba haciendo que ese latido lo perciba mi mente y mi cuerpo. Estaba acalambrándome desde mi refugio, pero ese dolor no me molestaba porque lo que veía valía la pena. Miranda se había desabrodo su camisa dejando que sus pechos cubiertos aun por su brasiel vieran la luz y con su respiración, subían y bajaban y con su risa se balancearan como dos péndulos al ritmo de una dulce canción.
Alicia continuaba escuchando atentamente el relato de Miranda, solo asentía con su cabeza, hasta que una catarata de insultos hacia el Oso salieron de su boca, lo que hizo que Miranda se puso a sollozar como si estuviera viendo una película de amor, pero no era de amor lo que ella hablaba, estaba hablando de su momento, de su desgracia. Alicia se acerco a ella y beso en la frente a Miranda diciéndole que tratara de relajarse que no sufriera que esos momentos desagradables pronto pasarían. Miranda le respondió con una mirada dulce, y un simple…gracias amiga. Cambiaron de tema como solo las mujeres pueden hacerlo, se acomodaron en sus sillas, distendieron sus cuerpos, encendieron una radio, para escuchar música y dejaron que el sol continuara abrazándolas con su calor y seducción. Mi erección comenzó a ceder porque mis ojos no encontraban mas lugares donde meterse, ya había visto todo o casi todo, por eso, retrocedí sin dejar de mirar a esas mujeres, que me habían excitado sin ellas saberlo. El resto del día siguió su curso sin cambios previstos, como diría el diario de un capitán de barco antiguo.
Hoy pude hablar con Miranda, me saludo con un gesto de amabilidad, se acerco a la cerca para decirme…hola…, yo me puse contento, se me notaba en los músculos de la cara que no dejaba de sonreír. Estaba vestida como el día anterior, solo había cambiado su camisa, y no tenia brasieles. Lo que hacia que el roce de sus pezones contra la tela los endureciera y se pegaran. Yo mientras tanto hacia lo imposible para cambiar la dirección de mi mirada, para no comprometer el encuentro, y no pasar como un desesperado. Me salio bien, pude controlar mis impulsos y salvar la situación, Ella no se dio cuenta de nada. Hablamos de tonterías, de plantas, del clima, y de tonterías. Me pidió si cuando tuviera tiempo, podía ayudarla a mover unos muebles bastante pesados, ya que su marido nunca tenía tiempo para ella. Esas últimas palabras hicieron que me excitara, mientras rogaba que no se me notara en mis pantalones esa excitación. Me di cuenta que ese día tenia un control absoluto sobre mi mente, jaaaa no se me había notado nada distinto que despertara alguna sospecha en ella. Le conteste después que ella hubiera terminado de hablar que con gusto la ayudaría, que solo tenia que avisarme. Mientras en mi mente, solo se repetían las palabras de ella diciendo…mí marido no tiene tiempo para mí…
Esa frase hizo que mi corazón latiera aceleradamente, de nervios, de excitación. Y fue que a la mañana siguiente, temprano era no mas de las 8.30 hs, cuando veo que asomadonse desde la cerca y mirando hacia nuestra casa estaba Miranda, como esperando algo. Salí a su encuentro, la salude, ella devolvió el saludo, y me dijo si podía ayudarla, aprovechando que tenia toda la mañana para poder ordenar de una vez su casa. Yo le dije que claro, ya mismo, voy. Mientras en casa, Wendy, que tenía el día libre, me pregunta a donde iba con tanta prisa. Le cuento que la vecina, me había pedido si podía ayudarla a mover unos muebles, que el marido también me había hecho el mismo pedido, eso lo dije porque no sabia si a Wendy le molestaría que aceptara algo así como así pedido por una mujer cuando casi siempre son los hombres los que hacen ese trabajo duro. Me dice Wendy, OK, no tardes mucho… Si…. Le conteste yo.
Toque el timbre de la casa, y enseguida me atendió Miranda. Tenia puesta una falda corta de tela color arena, con una camisa blanca. Me hizo pasar, deje que ella se adelantara, lo que me permitió observarla de atrás tenia nalgas grandes, pero esa falda no le hacia defectos, mas aun marcaba con mucha naturalidad sus panties que se ve que eran pequeños, porque o por el calor o por la tela, esta se metía entre sus nalgas, y como se hubiera dado cuenta que yo podría estar mirando, con su mano derecha despego la tela de ellas, lo que hizo que se movieran como si hubieran sido unos timbales golpeados suavemente por unas manos. Al darse vuelta, la luz que provenía de la parte de atrás de la casa marco la forma de sus pechos, tuve que cerrar los ojos, para que mis ojos no se cayeran de sus orbitas. Puse mi mano en mi garganta para que no se viera como estaba latiendo mi corazón, mis pasos se hicieron lentos. Se dio vuelta de nuevo y me puse a ver sus pies pues estaba descalza. No eran grandes, se los veía cuidados con las unas pintadas, subí mi vista y pude ver en detalle sus rodillas, no mucho mas porque la falda me ocultaba sus muslos, no en su totalidad pero si como para poder saber como eran, aunque ya los había visto cuando tenia los shorts blancos, pero era de lejos, ahora estaba cerca a solo dos pies. Contuve la respiración. Me estaba poniendo nervioso, no podía saber porque, si simplemente era ayudarla a mover algo según ella. Lo atribuí a que la había estado observando por varios días, quizás era mi mente que me estaba jugando una mala pasada, no sabia pero había algo que me puso tenso, tenia la piel dura, no podía explicarlo. Seguimos hasta una parte de la casa. Quería que la ayudara a subir unas cajas de plástico con cantidad de cosas dentro al altillo, para ello tenia yo que levantar las cajas, que no se veían muy pesadas mientras ella subida a una escalera las acomodaba en un lugar pequeño pero ideal para ese tipo de cosas. Me señala las cajas, eran siete. Me pregunto si quería algo de beber, le dije que si tenía café mejor, era temprano para beber soda u otra bebida. OK me dijo y fue a servírmelo. Me pregunto como estaba, que hacia y que era de mi esposa, que la había visto y que cuando tuviera oportunidad nos invitaría a cenar a ambos. Le conteste que encantados estaríamos los dos. Termine mi café y le dije mirándola a los ojos…cuando quieras…..como? me dijo ella. Yo rápido le dije ….cuando quieras empezamos con las cajas…. AHHH respondió con una sonrisa… Cuando se dio vuelta yo la seguí y me quede pensando que coño habrá entendido, o mejor dicho me leyó la mente esta cabrona jaaaaaa.
Me dijo entonces si podía llamar a mi esposa, si es que ella estaba para que nos ayude a terminar más rápido. Le dije que no tenía inconveniente. Me fui hasta casa a buscar a Wendy, que maldiciendo vino enseguida. Se saludaron y yo mirando como un bobo. Ahí me di cuenta que ya se conocían, que habían hablado, y me dije, no me extraña que Wendy haya hablado con alguien sin que yo supiera.
Wendy había llegado a la casa vestida como estaba, con una camisa de dormir, sin brasieles y unos pantalones de algodón sin panties puesto. La verdad que le quedan bien bonitos esos pantalones mas si los usa sin panties porque se pegan al cuerpo, le marcan las nalgas y se le hunde la tela en su sexo, delineando sus labios, y para que negarlo a mi me excita pasar cerca de ella y acariciar sus nalgas o pasar mi mano por su sexo. Eso a ella la alborota si la tomo de sorpresa y siempre suelta esa risa que me bloquea mas mi mente, haciéndome que pierda el control.
Miranda le ofreció café a ella también y me pregunto si quería una taza más. Le agradecí diciendo que para mi estaba bien. Me puse entonces a observarlas a las dos como hablaban, Miranda también era boricua y se había criado en Caguas, y tenia familiares en el mismo barrio que Wendy, vaya coincidencia. Risa va risa viene, Miranda dice porque no la ayudamos así después teníamos, en realidad ellas tenían, mas tiempo para seguir conversando, de sus lugares, jaaaaaaa. La situación entonces era así. Yo subiría las cajas, ellas arriba las acomodarían, de más esta decir que el mayor trabajo lo haría yo, pero bueh que se le va a hacer. La escalera era alta, pues el techo tendría estaba a unos 9 10 pies sobre nuestras cabezas. Sube Miranda primero. Casi me desmayo, pues con la suavidad y lentitud de un gato puso sus pies escalón sobre escalón, claro que a medida que ascendía dejaba al descubierto sus piernas, ya que como su falda no era muy larga, ahí pude ver como eran sus muslos y como, sus panties sen hundían entre sus nalgas, que se movían, como si tuvieran vida independiente de las otras partes del cuerpo, se frenaba, cada tanto, pidiéndome a mi y a Wendy que estuviéramos atentos a la escalera. Yo como un soldado afirme mis pies sobre los escalones mas bajos y levantando la vista dije para ….estas viendo el cielo … La contemple hasta que subió al altillo, en el cual tuvo que entrar agachada, la falda se le había subido, y pude ver todo ese culo, hermoso culo con los panties blancos apenas visibles por lo pequeños que eran y como dejaban ver todo su sexo. Ahí mismo mi pene creció como nunca, sentí que se me humedecían mis bóxer, y movía mis piernas para ocultar mi erección. Miranda se acomodo la falda, pero quedándose lo que se dice en cuclillas no podía evitar que viera sus panties hundidos en su sexo. Era como que esos labios se estaban comiendo la tela de algodón en forma lenta, muy lenta. vi. entonces que Wendy también había visto lo que yo, con lo cual no sabia que cara poner, estaba toda colorada ella. Y entonces le toco el turno a ella de subir, para que se tranquilizara la acaricie suavemente, lo que hizo que sus pezones se pusieran duros. Y subió ella también. Pues como estaba la cosa me puse a coger cada una de las cajas y poco a poco ir alcanzándoselas a ellas que estaban ahí arriba. Con una caja en una mano y subiendo despacio solo llegaba hasta que mi cabeza estaba dentro del altillo. Ellas de rodillas tomaban las cajas y las acomodaban, yo quería estar ahí también, el lugar no daba para dos y menos para tres, la cuestión que ella se chocaban sus cuerpos cada vez que se daban vueltas rozándose de tanto en tanto sus nalgas. La erección mía ya no podía disimularla, y estuve a punto de estirar mis manos para tocarlas a las dos, quería venirme ahí mismo, estaba necesitando venirme. Esas imágenes me habían excitado mucho, sino demasiado. Y aun faltaban más cajas porque con cada una se demoraban más de lo necesario en acomodarlas. En una de esas tantas subidas. Las nalgas de Wendy quedaron casi pegadas a la cara de Miranda, y ella sabia como yo que Wendy no llevaba nada de bajo, y no vio que yo estaba allí cuando paso con mucho disimulo las manos por las nalgas de ella y fue que vi. que Wendy arqueo su cuerpo, y soltó una risita y le dijo … la próxima vez hazlo mas duro….yo creí que me caía al carajo desde donde estaba. Me estaban temblando las piernas. Miranda se rió y le dijo no me lo pidas dos veces…. Mire hacia abajo y calcule cuanta distancia estaba para estrellar mi cabeza en el piso porque no podía creer lo que veía y escuchaba. Baje la escalera con dificultad, por temor a caerme de lo caliente que estaba y cuento cuantas cajas faltaban. 4 era el número. Yo pensé, si estas siguen jodiendo así yo me vengo sin tocarme. Sentía las gotas de liquido seminal escurrirse por mis calzoncillos hasta humedecerlos, y los latidos de mi corazón demasiados rápidos. Me dije…tranquilízate…y disfruta…jaaaa. Que fácil decía yo.. jaaaaaa.
Tome la cuarta caja y subí de a poco para relajarme, llego al ultimo escalón y veo que debía estar viviendo un sueño.
Wendy estaba acostada sobre el piso del altillo, mientras Miranda estaba con la cara entre las piernas de aquella besando su sexo en forma descontrolada lo que hacia que Wendy tuviera como convulsiones por las caricias recibidas y la apretaba con una mano para que no se detuviera, y al mismo tiempo emitía gemidos de goce, cada tanto Miranda respiraba agitadamente y continuaba su labor y con su mano se tocaba su propio sexo. Yo casi al borde de un ataque al corazón, alcance a balbucear como si me faltara el aire …. Chicas hagasmolo abajo que estaremos mas comodos… Las dos pararon y se miraron como avalando mi propuesta y agitadas como estaban bajaron las escaleras, yo casi no podía mantenerme en pie, era demasiado lo que mis ojos veían. Cogi de la mano a Miranda que bajo primero para hacer lo mismo con Wendy, a quien abrace y bese dulcemente en su boca, ella respondió intensamente ese beso.
Miranda la tomo de la mano y la guio hasta un sofa bien grande que había en la sala, la tomo de la cintura y la hizo sentar mientras jalaba con sus manos del pantalón de Wendy con la intencion de sacarselos, a lo cual Wendy la ayudo a deshacerse de ellos mientras se sacaba la camisa, quedando así completamente desnuda. Miranda contemplo así el cuerpo atigrado de Wendy no pudiendo explicar con palabras lo que sus ojos estaban viendo, solo atino a besarla, y acariciar sus pechos.
Miranda se saco su ropa, y se acerco a mi tirando de mis pantalones con furia por sacármelos mientras Wendy se acariciaba su sexo, haciendo giros en su clítoris en forma suave y acompasada como siguiendo las notas de una canción. así como estaba, Miranda tenia frente así, mi sexo en toda su dimensión, y comenzó a pasar su lengua por todo su recorrido mirando a Wendy como esperando su aprobación, quien no dudo en agitar aun mas sus dedos entorno a su sexo mientras que con su otra mano acariciaba sus pechos y jugaba con sus pezones, de su boca salieron palabras simples, suspiros de goce,
Miranda continuo con su tarea, acelerando los movimientos, los que tuve que detener con mis manos para que no acelerara mis movimientos pero los internos lo que harían que todo se terminara antes de lo previsto. La separe suavemente y la ayude a levantarse. Ella se dirigió hacia donde estaba Wendy con pasos gatunos, mostrándome en todo su esplendor sus nalgas que parecía que cobraban vida con cada movimiento que ella hacia. Se zambullo en el sexo de Wendy, quien con un grito de sorpresa pero lleno de placer se lo agradeció. Yo me acerque también y puse mi boca, mi lengua en su vagina, mientras Miranda separaba los labios para que podamos los dos saborear los jugos que salían como una miel de ese sexo pecoso, coronado con una mata de pelo del color del fuego, como si tuvieran luz propia, y de esa manera arrancar de Wendy espasmos propios de orgasmos continuos e intensos. Separe mi boca, me levante y pasando mi sexo por entre las nalgas de Miranda, espere la aprobacion de ella para entrar en su cuerpo y transmitir a traves de su interior la energia necesaria para que llegara hasta Wendy por la boca de ella. Miranda con una mano sin dejar de lamer los labios de Wendy abrió sus nalgas, dándome la autorización para que la penetre, a lo que no dude en hacerlo en forma suave, poco a poco viendo como su sexo se comía pulgada a pulgada mi sexo, y con los movimientos míos se deslizaba por los jugos lubricantes de ella facilitando mi trabajo y mi placer así como también el goce de ella. En un momento, solo se pudo escuchar como un coro de voces rítmicas, éramos los tres cada uno en su tono pero la misma melodía de placer. Secaba con mi mano el sudor que en pequeñas gotas caían de mi cara, y salpicaban la espalda de Miranda, quien hundía sus nalgas con cada golpe que yo daba dentro de ella, mientras Wendy estaba mirándonos y con su mano acariciaba su sexo y con la otra había puesto dos dedos en su boca a los que chupaba con intensidad. Me salgo dentro de Miranda para dedicarme a hundir mi boca entre sus nalgas y en su vagina, abriendo los labios rosados de ella comiéndome su clítoris y lubricando como si fuera su sexo y sus nalgas los componentes de una maquinaria que necesitaba funcionar por falta de uso. Ella comenzó a gritar, y agitarse, anunciando que estaba por tener un orgasmo, mientras Wendy se agitaba también y diciendo que se venia a lo que Miranda respondió….y yo aaaaaahhhhh. Me puse cerca de Wendy para entrar en ella con mi sexo a punto de estallar mientras Miranda la besaba en su boca y sus pechos y con sus manos daba al clítoris el complemento a los embates de mi miembro. Wendy llegaba así al clímax lo mismo que yo, derramando mi semen dentro de ella que salía a borbotones como hacia tiempo que no ocurría. Miranda volcó su cabeza hacia atrás dando muestras también de estar bajo el paroxismo que nos envolvía a todos. Deje caer mi cuerpo sobre la panza de Wendy y siento que Miranda relaja su cuerpo sobre el mió sintiendo su corazón sobre mi espalda latir . Miranda se reincorpora para que pueda moverme, me relajo en el sillón y ella apoya sus labios en los de Wendy y comienza a acariciar el sexo de ella húmedo con los jugos de ella y mió, se acomoda el sexo de ella sobre el de Wendy y en forma suave comienza lo que seria la segunda vuelta de una larga travesía que no terminaría hasta pasadas las 2 de la tarde y que se repetiría casi semanalmente a veces de a tres, a veces de a dos, intercalando los personajes, para que todos obtengamos el mismo beneficio, sentirnos libres en nuestros sentimientos.
Segunda Parte
Y así llego el sábado. Siendo las 11.40 de la mañana suena el timbre de casa. después de hacer callar al perro, abro la puerta y era el Oso, mejor dicho José, el esposo de Miranda. Les juro que de momento sentí como que el corazón se detenía para no seguir nunca más, pero los latidos siguieron y me serene un poco. José o el Oso, venia a avisarme que nos esperaba para cenar en su casa a Wendy y a mi a eso de las 8.30 de la noche. Tomando aire le conteste que por supuesto que estaríamos a la hora señalada, le aclare que llevaría la bebida. OK me contesto. Y nos despedimos hasta la noche. Le avise a Wendy que me dijo - Bien, ve a comprar las cosas que necesites para llevar en la noche.
Pasadas las 8.30 tocamos timbre en la casa de José y Miranda.
Me encuentro con la sorpresa que también estaba como invitada, Alicia la amiga de Miranda que había visto una mañana desde mi casa.
Estaba vestida con unos pantalones de tela de algodón que le llegaban a las pantorrillas de color blanco, que dejaban ver sus panties tipo thong porque sus nalgas se notaban libres en los movimientos y tenia una camisa con botones de color rosa con bordecitos en sus costuras de un tono mas oscuro. La camisa la tenía abotonada hasta el nacimiento de sus pechos la cual se abría y los mostraba en forma generosa. Llegando al escote tenia una cadenita finita de oro que terminaba en un perla rosada que golpeaba cada vez que caminaba sobre cada uno de sus senos, pareciendo el tin tin de un cascabel. había llegado sola, ahí me entere que estaba divorciada de su marido hacia un tiempo.
Miranda estaba vestida con una minifalda de jean, color crema, y una camisa de algodón con breteles sin brasieles que le resaltaban sus pechos, razón por la cual sus pezones estaban en constante sobresalto, es decir, que voluntariamente o no se le notaban a cada momento.
El oso llevaba puesto unos pantalones de tela, color arena y una camisa azul. Casi casi lo mismo que yo tenia, salvo que al reves la combinacion,
Wendy llevo un vestido cortito que le llegaba a las rodillas de color gris combinado en algunas zonas con cuadraditos blancos, bien distribuidos que lo hacían original. Se veía muy bonita. Más porque su color predilecto es el gris. La espalda la llevaba descubierta, llegando a la mitad de la cintura.
Una vez que nos saludamos todos, las mujeres se pusieron a charlar, haciendo el Oso y yo lo mismo. Por momentos las conversaciones se mezclaban, no entendiendo yo de que coño me hablaba el Oso, agregando que no podía apartar los ojos de tanto mirar, piernas, culos, y tetas. así que opte por sonreír y decir que si a casi todo lo que me decía. No creo haber metido la pata, ya que el Oso se mostraba alegre de hablar conmigo. No pude captar de qué hablaban las mujeres, porque no era de moda o novelas, ya que por las risas, daban a entender algo distinto.
Miranda había preparada un buen corte de carne de res, mas precisamente de ternera, lo que lo hacia mas apetitoso, al horno. Nos fuimos acomodando en la mesa. Y ella me pidió a mí si podía ayudarla a cortar las porciones, para no cargar la mesa con bandeja y todo y así se mantenía a buena temperatura en el horno, por si alguien quería repetir. Es lógico que el Oso y yo repitiéramos, jaajajaja.
Al llegar a la cocina, Miranda se inclina para abrir el horno y sacar la carne, y yo no pude contenerme y acaricie sus nalgas. La tome de sorpresa, se dio vuelta y en un primer momento no sonrió, tenia la mirada seria, pero enseguida me dijo …-perdona pensé que era José que tiene esa maldita costumbre..- a lo cual no sabia que decir y solo respondí. --- La culpa es mía por excederme en la confianza que me brindas..--- Para que me diera cuenta que no estaba ofendida paso su mano por mis genitales apretando suavemente y pasando su lengua como cuando uno saborea algún dulce. Ese gesto me hizo tragar profundamente, no se si de nervios, miedo o vaya a saber que quería que. Hice entonces los cortes, para nosotros y los lleve a la mesa.
Comimos, hablamos bebimos, abundante vino, yo diría que demasiado. Porque el Oso se puso a hacer bromas, a Miranda, a mi, a Alicia y a Wendy, con lo cual, por momentos el ambiente se puso espeso. Pero Wendy supo renovarlo y la noche continuo tranquila. Durante la cena, Alicia no me quitaba la vista de encima, eso me turbaba un poco, porque no sabía si estaba yo comiendo mal o que pero como el vino es alegría, su mirada hizo que interpretara lo que su mirada quería.
Cada vez que se llevaba una porción de la carne a la boca, mi mente como que seguía sus movimientos y eso hizo que mi pene se pusiera duro, imaginando como haría lo mismo con el, pero sin masticarlo. Aprovechaba también yo para ver de cerca sus pechos que eran dado el alcohol más lindos de los que se veían. A mi lado Wendy, miraba en todo momento a Miranda, a lo que ella le devolvía con sonrisas picaras y comentarios en voz baja. Mientras el único que parecía fuera de foco era el Oso. El solo pedía otra ronda de vino y más carne. Finalizada la cena, de postre comimos helado que había llevado Alicia. Eso ayudo mucho a digerir la abundante comida. Mientras el Oso puso música, salsa. Con lo cual el griterío fue total, las chicas todas contentas, el aplaudiendo como en el circo, yo que no se bailar salsa, solo acompañaba en las palmas a el Oso. Como han podido observar éramos 5, con lo cual alguien quedaría sin pareja. así pues el Oso tomo a Miranda del brazo y se pusieron a bailar. Ella estaba contenta, quizás porque veía que el Oso se estaba comportando como una persona, y la trataba bien. Wendy me tomo a mí como compañero de baile, pero yo soy un pata dura, así que mucho no le dure. Y se puso a bailar con Alicia, la que accedió gustosa. después el Oso, con todo lo que había comido y bebido, rápido abandono la pista de baile, y fue a cambiar el ritmo de la música. No tuvo mejor idea que poner Regueton. AYYYY porque habrá hecho eso. Encima de todo ofrece a todos alguna otra bebida. Las chicas eligieron cerveza, Wendy eligió vodka con jugo de China y yo elegí un escocés, wisky se entiende, jaaaaaaa.
La cosa se estaba poniendo un poco picosa como si fuera esas salsa picantes. Wendy se puso cachonda como dicen los españoles o bellaca como dicen los boricuas. Yo ya no me cuidaba si se me notaban las erecciones por los continuos roces de las nalgas de Wendy sobre mi sexo, con lo que había comido y bebido, ya no tenía vergüenza, mucho menos ella y muchísimo menos Alicia y Miranda. El Oso tranquilo sentado disfrutando, solo se reía y me hacia caras graciosas a mi, que pienso que eran porque bailo como el culo jajaajaaja.
Seguíamos riéndonos, y fue que el Oso decidió que hiciéramos el famoso trencito mientras bailábamos, encabezando el la formación, seguido de Alicia, luego venia yo, detrás mió Wendy y detrás Miranda. Alicia apenas podía tomarse de la cintura del Oso, con lo cual mientras el tren daba vueltas por toda la casa, era mas las veces que se soltaba de el que las que tenia que mantener la línea, eso hacia que con cada empujón, no pudiera evitar hundir mi sexo sobre las nalgas de Alicia, que lo recibía con risas y contorsiones, restregándose sobre el. La erección, no podía ser mas evidente, pero nadie se había dado cuenta salvo ella, que lo disfrutaba con miradas hacia mi mas que sugerentes, detrás mió Wendy me pegaba su cuerpo al mió sintiendo yo el calor de su pecho contra mi espalda, mientras Miranda acariciaba la espalda descubierta de Wendy metiendo las manos por entre la tela para sentir el calor de su piel. Ya la bebida había hecho efecto en todos, y el regueton oficiaba de estimulante para pasos de baile por demás graciosos. El Oso había salido al jardín para tomar aire, dado el agotamiento de los pasos anteriores. Mientras tanto las chicas perreaban entre ellas haciendo que mis ojos no pudieran creer lo que veían.
Las tres estaban perreando en fila, con sus nalgas salidas y moviéndolas al compás de la música, o de la letra de la canción. Recuerden de las tres dos tenían faldas así que la que mejor llegaba hasta abajo era Alicia, que al ser blancos sus pantalones, el show que veía era grandioso. Ya sea por el movimiento de sus nalgas que se abrían y cerraban como una almeja, como ver de cerca su sexo, que formaba un pequeño bulto con la forma de un durazno, siendo sus labios las caras de esa fruta. Me tuve que restregar mis ojos para no perder el balance. Mientras Wendy y Miranda, al agacharse dejaban ver sus panties totalmente y la falda y el vestido se subían, lo que hacia que no pudiera ya controlarme. Opte por sentarme en un sillón para ver más cómodo ese espectáculo exclusivo para mí, ya que el Oso seguía afuera. Fue entonces que Alicia se acerco hacia donde yo estaba sentado, Miranda le dice ---Perrealo baby, perrealo. Jaaaaa. Wendy se reía también, diciendo ---A ver chica como lo haces ---
Alicia se puso entonces a perrear dando sus nalgas a mi cara, mientras las demás reían y gozaban bailando entre ellas. No pude mas, me fije si Wendy me estaba mirando, mientras Alicia seguía cada vez mas cerca de mi cara poniendo sus nalgas, y como ella estaba en su mundo, hundí mi boca entre sus nalgas tratando de que mi lengua mojara lo mas rápido posible ese canal, llegar a su vagina, y su cola. Salio de su boca un suspiro y con sus manos hacia atrás hundió aun mas mi cabeza entre sus nalgas, a lo cual yo respondí con mas fuerza. Pero nos detuvimos, algo instintivo en lo dos dijo que dejáramos para otro momento lo que habíamos empezado. Yo estaba demasiado caliente, se me notaba, yo lo notaba. Miranda y Wendy se habían ido hasta la cocina, yo aproveche y tome del brazo a Alicia y la lleve hasta el pasillo donde se encontraban los cuartos. Me abalance sobre ella, nunca hago esto con una mujer, pero todo el ambiente me había descontrolado. Alicia busco mis labios e introdujo su lengua en mi boca con fuerza, yo respondí a ese pedido mientras mis manos buscaban sus nalgas, que me habían torturado toda la noche, Metiendo una de ellas por entre sus ropas llegue por atrás, mientras la otra mano lo hacia por delante. Mi boca paso a su cuello, y así mis manos buscaron su vagina, sus labios, que estaban húmedos suaves, calientes. Ella con las de ella bajaron el ziper de mi pantalón, y sacaron fuera mi pene que goteaba más de la cuenta. Lo sobaba casi al ritmo de la canción que se escuchaba de fondo, no lo soltaba, lo apretaba a medida que yo introducía mis dedos en su nido y frotaba su clítoris. Se despego un momento de mi y me pidió –Métemela ya OH me muero aquí mismo--. Que puede responder un caballero como yo?. –déjame morirme a mi dentro tuyo—Eso hizo que Alicia, se bajara los pantalones, los panties apoyara sus manos en la pared, sacando hacia fuera su lindo culo inclinándose lo suficiente para que no me costara trabajo alguno entrar mi pene en su vagina, y así lo hice, suave y en forma constante, fui introduciendo todo mi sexo, y comencé los embates lentamente, pero ella me pidió que le diera duro, y lo hice, tapando con mi mano su boca para que nadie pudiera darse cuenta. Cinco, siete, nueve empujones. Doce, dieciséis, hasta que pude darme cuenta que sus jugos bañaban mi daga, y se escurrían por sus piernas. Yo aun no podía venirme, creo que por la tensión de saber que podían descubrirnos en cualquier momento. Me frene esperando la reacción de ella, su voz estaba agitada, solo atino a decirme –Te debo una, gracias, muaaaaaaaaaaa. Se acomodo la ropa y salio disparando hacia donde estaban las chicas, que no sospecharon nada. Yo para disimular mejor, abrí la puerta de la casa, saque mi cuerpo apenas afuera e hice como que recién entraba, llevando en la mano, cigarrillos sin abrir. Gracias al destino llevaba un paquete sin abrir, eso hizo que Wendy al verme me diga. ---menos mal que fuiste a buscarlos, yo no encontraba los míos. –Si dije yo, caminando derecho como si me hubieran clavado a una madera. Cruce una mirada picara con Alicia e hice como si nada hubiera pasado. Miranda y Wendy y ahora Alicia siguieron hablando entre ellas, yo aproveche para acomodar mi pene que me estaba martirizando del dolor, al no poder venirme. La música seguía. Y ellas querían seguir también bailando. Wendy me abrazo, y sintió mi erección. Y me dijo –MMMMMMM que rico, se ve que quieres acción. JAAAAA- fue mi respuesta. El Oso volvió del jardín, con los ojos rojos, se había quedado dormido en una silla, entro para servirse otra cerveza y se sentó en un sillón viendo como las chicas bailaban. Alicia se sentó cerca de el y comenzaron a hablar entre ellos. Miranda y Wendy se fueron a la cocina, yo decidí acompañarlas. Mis bolas me dolían, el dolor era intenso, y yo sabia porque. Necesitaba sacarme ese dolor de encima y la mejor manera era venirme. Antes me fui al baño a enjuagarme la cara para despejarme, el alcohol y esa sesión de sexo apurado, me habían desencajado el rostro. La música había cambiado a boleros y canciones románticas. En la sala Alicia y el Oso seguían conversando, cuando llego a la cocina, no veo a las chicas. Regreso a la sala, Alicia estaba con su cabeza en uno de los brazos de un sillón que la hacia mas chiquita de lo que era, dormitando. Mientras el Oso con la cabeza hacia atrás con la boca abierta, respiraba con dificultad completamente dormido, en el suelo un frasquito de pastillas, que se alcanza a leer que eran para dormir. Viendo ese panorama, vuelvo mis pasos a la cocina para ver donde estaban los demás. Entro y nuevamente el lugar estaba vació, pero yo no sabia, hasta ese momento, que había un cuarto de servicio o 4 cuarto, desde donde provenían sonidos y música como un murmullo. Me oriento para saber desde donde venia y encuentro un puerta. Tomo el picaporte y delicadamente le pongo presión hacia abajo, con la intención de no evidenciar mi presencia ahí, ya que no era mi casa. Al hacerlo veo algo que ya a esa hora no me sorprendería. Miranda estaba agachada entre las piernas de Wendy, comiéndole su sexo. Wendy tenia la cabeza hacia atrás como el Oso, pero a diferencia de el, ella emitía sonidos de goce y alentaba a Miranda que no parara que siguiera con lo que estaba haciendo, lo que hacia que Miranda, intensificara el accionar de su lengua y sus dedos, Wendy estaba con sus pechos al aire, con sus pezones enormes apuntando al cielo, y con una mano en uno de ellos aprisionándolo como evitando que se escapara de su cuerpo, y con la otra mano jugaba con los cabellos de Miranda apretando su cabeza al compás de las sensaciones que recibía. Yo entre me senté en una silla y solo me puse a mirar. A mirar y desear a esas dos mujeres. A mirar y desear el culo de Miranda. A mirar y desear el cuerpo de Wendy, en toda su exposición. Wendy me vio y pego un salto de sorpresa, Miranda se levanto como un resorte, no sabia quien había entrado. Cuando vio que era yo se calmo. Solo dije –Sigan, los demás están completamente dormidos. Me invitaron a incorporarme, a lo que dije –solo quiero mirar, cuando este listo yo les aviso. Ellas entonces como que se libraron de la presión de estar escondidas, y continuaron con más avidez, con más pasión, con más desenfreno lo que estaban haciendo. A esa altura ya no podía controlarme, y decidí que mejor era que gozaran ellas, yo necesitaba terminar lo que había empezado. Salí del cuarto, y me cruzo con Alicia, que sorprendida por ver mi erección en mis pantalones, solo atino a mirar a sus lados y besarme. Yo respondí el beso y la lleve a un costado, ella se había prendido a mi sexo. En un rincón, bajo el ziper de mis pantalones, saco mi pene afuera y procedió a mamarlo como si fuera la ultima vez que lo hiciera. Yo la levante la bese con mi boca y mi lengua por todo su cuello. Le baje sus pantalones y sentándome en un silla hice que ella sola metiera mi sexo dentro de ella. Entendió cual era mi deseo, y así lo hizo, moviendo su cuerpo con velocidad, hacia que el sonido sonara a un aplauso seco, al chocar sus nalgas contra mis muslos, yo con mis manos abría sus nalgas para ver como su vagina se comía a mi pene. así fueron varias veces, que parecian una eternidad,cuando no pude mas la levante, la di vuelta incline su cuerpo y a una sucesion continua de embestidas contra sus nalgas me vine, sintiendo la salida de mi semen caliente entrando en ella, y agotando ahora si todas mis fuerzas. así me quede sobre ella unos instantes los suficientes para que ella relajara los músculos y pudiera salir de su interior. Ella apretó los musculos de su cueva, todavia humeda y aun con mas fuerza de lo normal, para disfrutar un poquito mas de mi carne. La bese, acaricie sus cabellos, y me relaje en el sillón junto al Oso que roncaba como un bebe. Alicia se acomodo sus ropas y volvió al sillón donde estaba para descansar ahora si. A los dos minutos llegaron Miranda y Wendy, arregladas como si nada hubiera pasado entre ellas, traían café. Después me entere que ellas vieron todo lo que había hecho yo con Alicia, y que no interrumpieron como recompensa por no haber yo interrumpido lo de ellas. Eran las 2.15 de la mañana, en silencio todos nos despedimos de todo como si nada hubiera pasado. Al otro día fue un día mas. A los dos días de esa fiesta, Miranda y José se habían mudado sin saber ninguno de nosotros, o sea Wendy y yo, a que lugar y porque. Nunca más supimos de ellos. Nunca los olvidaremos, tampoco a Alicia.
FIN
Autor: CEG ( Derechos Reservados )

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06-13-2007
12:18 pm

